La otra final: El partido entre las dos peores selecciones del mundo

La otra final: El partido entre las dos peores selecciones del mundo

Butan y Montserrat se enfrentaron en 2002, horas antes de que se jugará la final de Corea-Japón

Por: Eddie Agustín MurphyLunes 11 Abr 2022

 Mientras el mundo entero esperaba ansioso la final entre Alemania y Brasil del Mundial de Corea-Japón 2002, ese 30 de junio se estaba jugando una final paralela entre las selecciones peor ubicadas en el ranking FIFA.

En un pequeño país llamado Bután, situado en los valles de la cordillera del Himalaya, al sur de China, los locales recibían al seleccionado de Montserrat, una isla británica ubicada en las Antillas menores del mar Caribe. El futbol redujo los más de 14 mil kilómetros que los separaban y se enfrentarían en una final única.

La otra final: El partido entre las dos peores selecciones del mundo
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La previa

Este encuentro fue organizado por dos amigos holandeses frente a la desilusión de no poder ver a su selección en el mundial, ellos pensaron que podía ser una buena idea enfrentar a estos dos países. El objetivo, una final histórica entre los dos últimos que ocupen el ranking FIFA. Para ese momento Montserrat se encontraba en el último lugar (203) y Bután era el 202.

La isla caribeña accedió rápidamente a participar, mientras que Bután dio el visto bueno luego de no responder por unas semanas. El partido se llevaría a cabo en el país asiático, allí se contaba con mejores condiciones para realizarlo, ya que Montserrat vivía una etapa de reestructuración a raíz de los inmensos daños causados por la erupción de uno de sus volcanes.

El futbol estaba lejos de ser el deporte más popular en estos países, en Bután, tradicionalmente se practica el tiro con arco, fue en los años sesenta con los estudiantes que volvían de terminar sus estudios en India cuando se comenzó a jugar con la pelota, así, fue creciendo el futbol como un divertimento. Los dragones amarillos en su debut internacional habían sido derrotados por Kuwait, un partido que no hizo más que evidenciar las diferencias, terminó 0 - 20. Igualmente para su capitán fue un logro, el partido hizo que el nombre del país llegue al público de otras latitudes.

La selección de Montserrat llegaba a este encuentro único con una historia similar a la de sus contrincantes. Su deporte principal era el criquet, la isla contaba solo con 5 equipos de fútbol y en su historial la derrota más abultada sobresalía con un 0 - 11.

El viaje de las Antillas al sudeste asiático fue una larga travesía, con escala en Curazao, Ámsterdam y Calcuta hasta llegar finalmente a Bután. Una semana antes del partido el plantel caribeño ya se encontraba en la ciudad de Timbu, capital del reino. Los días previos le sirvieron para entrenar e intentar aclimatarse al lugar.

Timbú, capital de Bután

Timbú, capital de Bután

Con la fecha acercándose, debieron sortearse problemas inesperados. Gran parte del plantel de Montserrat sufrió una intoxicación y perdieron días de entrenamiento. El último desafío se presentó cuando faltaban los jueces, pero con el apoyo de FIFA se pudo conseguir a un ex-árbitro y así el partido quedaba confirmado.

La Final

Cerca de 15 mil espectadores se acercaron al estadio Changlimithang, mucha menos gente y con menos comodidades en comparación con lo que ocurriría aquel día más tarde en Japón, en el Estadio de Yokohama 70 mil personas serían testigos de una final del mundo entre Alemania y Brasil. Diferencias notorias más allá de que en Bután también rodaría una pelota, habría dos equipos y dos arcos.

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En el resultado se vio una distancia que tal vez no era tal. Los locales se impusieron por 4 a 0, los jugadores de Montserrat probablemente sufrieron la altura de más de 2000 metros sobre el nivel del mar y poco pudieron hacer para detener al butanés Wangay Dorji que convirtió tres goles. Un resultado sin precedentes para los locales, aun así parte del público alentó a la visita frente a lo que veían como algo poco hospitalario, recibirlos y luego ganarles provocándoles un disgusto no coincidía con el pensamiento budista.

El encuentro iba más allá de un partido de futbol, para las dos naciones no hubo perdedores, el partido sirvió de excusa para que se dé un encuentro cultural y no hubo tristeza en el final. Los capitanes de las dos selecciones levantaron el trofeo en conjunto y la copa se dividió en dos para que el recuerdo quede presente en ambas naciones. Horas después, los planteles vieron juntos por televisión la victoria de Brasil sobre Alemania en Japón.

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